martes, 14 de marzo de 2017

La herida en el futuro

La herida que dejó la carretera
levanta de mi cuerpo
sus garras y las hiende entre los días
de vida que me quedan.

viernes, 19 de agosto de 2016

El sueño que soy

Déjame que te cuente, madre,
el sueño que me habita:
hay coches y camiones y parece
muy similar al mundo en que vivimos.

Hay una diferencia, sin embargo,
allí no puedo andar y son mis piernas
dos anclas de cemento.

Ya vienen los camiones, madre,
puedo sentir el disco a mis espaldas
volverse rojo y condenarme a muerte.




Santiago Cabrera Márquez

martes, 6 de enero de 2015

Retrato

Los brazos de mi amor son dos guadañas
donde encotrar refugio.
Sus labios son arados.
Los labios de mi amor, los que me observan
buscar su boca, reclamar su abrazo.

jueves, 1 de enero de 2015

Mi vida es como Split


Mi vida es como Split y son sus años
columnas hacia el cielo.

Mi vida es como Split, ruinosa y vana,
hermosa entre sus piedras.



Santiago Cabrera Márquez

viernes, 19 de julio de 2013

Crónica de la Tierra circundante a Pandemonium

-¿Has visitado, madre
la tierra circundante a Pandemonium?
Dicen que el sol allí nunca se pone.
-No pidas ir allí, mi bien primero,
nunca he escuchado hablar de esos parajes,
no creo que la Renfe nos acerque.

-No existe la distancia
si vas a Pandemonium;
dicen que no hace falta bonometro
y que se puede hacer el viaje o emprenderlo
tan solo con el miedo y con el odio
acumulados en el curso de una vida.



Santiago Cabrera Márquez
15 de julio de 2013

martes, 18 de junio de 2013

Si tú fueras Iante...

Transforma dulce Io con tu abrazo
el cuerpo ardiente que en extrañas llamas
por un amor prohibido se consume.

Dame aquel don que a Ifis concediste.
Permíteme cambiar para que pueda
sentir el sol, acariciar la seda.






Santiago Cabrera
19 de junio de 2013

viernes, 9 de noviembre de 2012

La marca de Caín

Aún sigue mi cuerpo
manchado por tu toque,
aún siguen mis ropas
marcadas por tu estigma,
es una maldición que nunca duerme.

Ya no hay mañana en la que no te sienta,
y en cada atardecer estás presente,
mi dulce caballero que partiste,
marchaste y sin embargo permaneces.